¿De que sirven todas estas palabras sin nadie que las lea más que yo mismo?
Es como un concierto sin público, una clase sin alumnos, o el mar sin peces.
Nunca imaginé llegar a vivir semejante soledad e indiferencia de mis pares de vuelta.
Nada emociona ni conmueve ya mi alma
Soy un autómata en carcasa humana
Ni el perfume de jazmín, ni mi plato favorito.
Tampoco el día más lindo del año.
Ni las notas de la sinfonía más hermosa
O el crepitar de una fogata
Tampoco la luna llena o el pasto húmedo
Nada tiene color en este planeta
Quisiera al menos sentir tristeza
Un ápice de mi identidad
Para saber si de mi algo queda
Bajo esta piel cristalizada
Aterricé en este planeta por emergencia
La nave se averió en pleno trayecto
Ahora habito este mundo gris y silencioso
Dentro de mi propia cabeza
Cómo les digo que me hirió que no tuvieran ningún gesto para conmigo por mi cumpleaños?
Lo hacemos por cada uno de nosotros, todos los años, hace casi diez años, siempre hay una torta, un ramo de chipa un festejo, por más pequeño que sea, es significativo y está siempre.
Tal vez esto duele tanto porque estoy pasando por el peor momento de mi vida hasta ahora. Saben que es lo que mata? la indiferencia, la ausencia por completo de interés o de una mínima consideración por el otro. Siento como si no existiera, soy un holograma, un fantasma, o tal vez morí y sólo queda mi espíritu en este plano y nunca me enteré.
Nos vimos un día antes de la fecha y pasó de largo, nos vimos una semana después y tampoco, nada. Ni un chocolate, ni un saludo en persona, ni un abrazo, ni una felicitación, nada.
Es casi irónico que la persona con la que no hablo hace medio año fue la que tuvo la iniciativa de saludarme y no por ejemplo el que yo consideraba mi mejor amigo, o las demás personas que conozco hace una década. Por ese gesto, gracias, i
La verdad que me hizo sentir súper mal, tal vez mi error es considerarlos amigos cuando evidentemente no lo son. Estoy triste y enojado, pero bueno, la vida es en parte darse cuenta cuando las amistades no son recíprocas.
Extraño a mis amigos.
desde que estoy desempleado, me convertí en un ser incómodo.
me veo con colegas y están incómodos, me miran con incomodidad, me hablan con incomodidad, y me tratan con incomodidad. mientras más cercanos a mi son, más incómodos están. quizás sea porque ven que el sistema de admisión en orquestas y demás grupos musicales es completamente estúpido e inútil, o porque me ven como infradotado musical.
mi conclusión es que se pueden ir todos a la mierda
No encontraré el sentido de la vida en el fondo de una botella, tampoco en un video corto de instagram.
No creo que esté en ganar un concurso, ni en poseer una cuenta bancaria frondosa. ¿Será en el arte, aquello a lo cual dedico mi vida entera, que esté la respuesta? No lo sé.
Caminando errático por los bosques de Palermo durante el atardecer de este verano de temperaturas bipolares, observo todo a mi alrededor, la gente, el cielo, los edificios, todo lo que hago es mirar con atención y pensar, pensar y pensar. ¿A qué vengo a este mundo? ¿Cual es la razón de existir? No es un interrogante suicida, mas bien una incógnita que atraviesa mi existencia desde la raíz.
Lo que más observo en mi paseo son las personas: parejas, disparejas, familias, caminando, trotando, en rollers, bici, patineta, en monopatin, en carromato, jugando al futbol. Claro, pienso, es 3 de Enero, hay muchísima menos densidad, pero igual son muchos, y qué linda esta temperatura, 18 grados un 3 de Enero, que bendición. Veo una señora paseando su perro gordo, el perro se acuesta y la mira con cara de "hasta acá llegué, estoy cansado y gordito" yo veo la escena y no puedo evitar reírme. La señora me ve y sonríe. Cruzando la calle en una intersección, dos chicas con un perrito, al llegar al borde de la vereda, hay un charco de agua, la chica frena al perrito y lo alza para que no se moje las patitas. De vuelta, sonrío, pero esta vez no me ven, porque están de espaldas.
Soy como un NPC dando vueltas sin sentido, o tal vez soy el personaje principal de una historia medio chota. Pienso en la soledad y en la solitud, en sus diferencias.
Veo mucha gente con auriculares, como yo, y pienso, ¿estarán buscando lo mismo que yo? A todo esto, voy escuchando música para disolver un poco mis sentimientos que están un tanto petrificados. Un poco lo logra Juan Quintero, otro poco Sofía Verna (qué lindo que cantan, por favor, quisiera hacer música con ellos alguna vez en mi vida); cada tanto se me escapa una lágrima, algunas brotan por tristeza, otras por emoción y muchas por alergia (no confundir con alegría).
Veo mucha gente durmiendo en la calle y sigo pensando: ¿por qué están ahí? De vuelta, no les pregunto a ellos si no a mi, a nosotros.
No todo en la vida es lindo, no todo es alegría (no confundir con alergia, aunque mucho es alergia!) hay una cuota gigantesca de dolor, de horror, de sufrimiento en la vida, que es innegable, inevitable en la vida. Nacemos y morimos, por lo tanto vamos a pasar momentos de mierda. Hay personas que se dedican a ser basuras y no podemos ignorarlas o ceder ante ellos. Pienso en esto un buen rato.
Sigo caminando y pensando. Quisiera volver a encontrar inspiración. Para eso necesito sentir cosas. Por eso estoy caminando, porque a veces logré inspirarme caminando. Respiro, inspiro y me río de que son la misma palabra. Inspiro y busco inspirarme.
Vuelvo a casa y escribo esto.
Que poder tienen las palabras
Son usadas para labrar
Para apalabrar y para alabar
Para elaborar hipérboles, paralelismos y parábolas
Para abrir paraguas cuando llueve
Para nombrar, para parar, para comprobar e imaginar
Absolutamente todo nace en la palabra
Que mujer increíble fue Úrsula Kroeber Le Guin, nos regaló tanta literatura espectacular.
Hoy estoy pensando en mi favorita de todos los tiempos: la saga de Terramar. Más precisamente el primer libro en el que el protagonista, el poderoso mago Ged (o Gavilán), peca de insolente y libera una sombra maligna que lo atormenta y persigue incansablemente.
No es hasta el final del libro que Ged descubre, o entiende, que la sombra es nada más y nada menos que su yo oscuro, y que es él el único que puede detenerla, haciéndole frente, no huyendo de ella.
Muchas veces me siento así, como si hubiera liberado mi propia sombra y que huyo de su persecución eternamente hasta los confines de este mundo.
Necesito hacerle frente al mal que me acecha, debo superar este miedo para poder seguir con esta vida detenida. Si sigo así, la sombra va a alcanzarme y va a poseerme, y allí se irá lo último que quede de mi identidad. Solo quedará una sombra de lo que supe ser, muerta, inerte, impasible, insensible.
más distancia recorro y más se aleja mi destino
un horizonte infinito a lo lejos se posa
mi vida empieza a pesar y a pasar
¿llegará el día que pueda bajar en algún puerto?
se inunda mi bote con dudas y desánimo
achicar se hace más difícil cada legua
el océano me rodea y yo no sé nadar
aunque a mi me guste navegar
cómo voy a hacer para continuar
todavía no lo sé.
hoy ya es un día perdido
tal vez mañana recupere mi buen sentido
o me entregue a estas olas capicúas.
una desesperanza me hunde el pecho
mientras mis ojos están bajo un sopor febril
quienquiera que reciba esta botella
que arrojo al mar con este mensaje
por favor necesito un faro
para ver a través de la neblina
y salir de este archipiélago septentrional.
Quien hubiera imaginado que quedarías atrapado en esa cárcel de agua espejada
Embelezado hasta paralizarte por tu propia belleza,
Obsesionado con tu propia imagen reflejada, te perdiste hasta las estrellas
Los pájaros te observan desde las ramas, entre cautos y curiosos; los insectos ya te usan de carretera.
Tus ojos, ya idos hace tiempo, se parecen a aquel pozo por el cual tu libertad abandonaste.
Pasan lentos los minutos
Pero rápido los días
Esta sensación es una ambigüedad
Que me es imposible de explicar
Una hora puede ser eterna
Y un día bastante fugaz
Qué clase de truco mental es este
Que no me deja vivir en paz
Cansado, agotado, drenado de energía
Sin embargo no puedo [re]conciliar el sueño
Como si arrastrara un barco por el desierto
Luchando contra viento y [m]are[n]a
Creía haber encontrado un rumbo definido
Y ahora estoy aún más desorientado
¿A dónde fuiste, inspiración?
¿Dónde te perdiste, ambición?
Este vacío existencial me carcome
Como hormigas a un pedazo de pan
Migaja por migaja me voy desgranando
Voy perdiendo mi supuesta identidad
Cubiertos por una armadura invisible
Que protege esa debilidad impalpable
Separados por un manto indestructible
Dando falsa sensación de paz intangible
Avanzan seguros los fríos guerreros acorazados
Con ciega confianza en sus yelmos, petos, y grebas
Crujen meciéndose con el viento aquellos árboles densamente tupidos. Sus copas esconden una media luna que se escabulle entre la maleza.
Sentados sobre las raíces, miramos el cielo. Es una noche cálida, perfecta para ver estrellas.
Allá arriba está el misterio: la infinidad que nos rodea, el universo que se expande hacia todas las direcciones, galaxias enteras que existen hace eones, planetas, soles, asteroides, meteoritos, y más que nada, nada.
Y aquí abajo (que no es abajo), existimos nosotros. Nuestra sola presencia es una increíble e inexplicable coincidencia, hasta tal vez un privilegio.
Entre los miles de millones de años de existencia del universo, nos encontramos.
Las probabilidades de que tan solo existamos son casi nulas, más aún conocernos. Así y todo hablar con vos es tan fácil como el agua que cae por una cascada, escucharte es tan lindo como el crepitar de una fogata y verte es refrescante como un amanecer o un atardecer.
Bajo este vasto cielo, bajo esta imposible probabilidad, nos damos un abrazo y de repente todo tiene sentido. Un improbable abrazo. Una improbable mirada. Y el universo cambia para siempre.
Que las palabras nos encuentren felices
Buscando el amor verdadero pero sin perdices
Real, sincero, profundo y trascendental
Atravesando todos los planos de este manantial
Que las palabras nos encuentren vívidos
Sin dejar a nuestros rostros volverse lívidos
Con mentes fuertes, tenaces y lúcidos
Siendo nosotros mismos un tanto rústicos
Que las palabras nos encuentren seguros
De nosotros mismos y sin ser tan duros
Con empatía, simpatía, y sin hipocresía
Recordando esa noche en la que casi amanecía
Bajo la penumbra de un cielo nocturno
Sobre aguas tan espesas como inmóviles
Se encienden iridiscentes sobre el pantano
Aquellos fuegos fatuos que arden tenues.
Las leves llamas intermitentes murmuran
Suspiran, gritan, y hasta a veces lloran
Son fugaces en su pálido fulgor
Contando lúgubres historias de horror.
Buscando a alguien que escuche sus cuentos
Que se sumerja en ese mundo de ensueños
Danzan los fuegos fatuos sobre el pantano
En el ritual del fuego eterno.