Que mujer increíble fue Úrsula Kroeber Le Guin, nos regaló tanta literatura espectacular.
Hoy estoy pensando en mi favorita de todos los tiempos: la saga de Terramar. Más precisamente el primer libro en el que el protagonista, el poderoso mago Ged (o Gavilán), peca de insolente y libera una sombra maligna que lo atormenta y persigue incansablemente.
No es hasta el final del libro que Ged descubre, o entiende, que la sombra es nada más y nada menos que su yo oscuro, y que es él el único que puede detenerla, haciéndole frente, no huyendo de ella.
Muchas veces me siento así, como si hubiera liberado mi propia sombra y que huyo de su persecución eternamente hasta los confines de este mundo.
Necesito hacerle frente al mal que me acecha, debo superar este miedo para poder seguir con esta vida detenida. Si sigo así, la sombra va a alcanzarme y va a poseerme, y allí se irá lo último que quede de mi identidad. Solo quedará una sombra de lo que supe ser, muerta, inerte, impasible, insensible.
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