Tristemente cabizbajo, deambula en la eterna blancura
Le gusta estar solo, más añora la compañía
Cubren su cuerpo gris muchas viejas cicatrices profundas
Aúlla el lobo solitario, un alarido desgarrador, ensordecedor, desolador
Un sonido único en el silencio pesado de la nieve
Inmóvil el bosque, donde huellas congeladas marcan el camino
Marcan el destino, el porvenir de quién ya caminó
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